 La capacidad de los antibióticos para curar enfermedades infecciosas que en el pasado eran mortales, ha desembocado en la falsa noción de que se trata de "medicamentos milagrosos" con "poderes" que en su mayoría superan a lo que realmente se puede atribuir a sus propiedades farmacológicas. En la mayoría de los países europeos, los antibióticos ocupan el segundo lugar en la lista de medicamentos más usados después de los analgésicos. Por desgracia, ya estamos empezando a pagar el precio por esta forma errónea de entender el uso de los antibióticos. Un uso excesivo, y en muchos casos inapropiado, en medicina, en veterinaria y la agricultura, ha dado lugar a un rápido aumento de la prevalencia de microorganismos resistentes a los medicamentos. De hecho, muchos de los antiguos antibióticos o bien han dejado de ser eficaces o bien son mucho menos fiables que antes. Por ejemplo, la resistencia a la penicilina – que en épocas anteriores era el tratamiento preferido contra las infecciones por Staphylococcus aureus – es algo común en muchos países. La resistencia a los antibióticos está provocada por la transferencia de características genéticas de resistencia entre las bacterias de la misma o de diferentes especies. Por lo general, cuanto más se usa un antibiótico específico, mayor es el riesgo de que surja y se extienda la resistencia contra el mismo y, por consiguiente, de que el medicamento sea cada vez menos eficaz. Para evitar una resistencia de este tipo, se desarrollaron nuevos antibióticos con propiedades químicas similares, pero no idénticas, que siguieron siendo eficaces hasta que surgió la resistencia también a estos nuevos medicamentos. La consecuencia más grave es la aparición de nuevas cepas bacterianas resistentes a diversos antibióticos al mismo tiempo. Las infecciones causadas por estos agentes patógenos con resistencia cruzada suponen un reto especial que acarrea un aumento de las complicaciones clínicas, lo que incluye el riesgo de sufrir una enfermedad grave que hasta la fecha se podría haber tratado con éxito, además de estancias hospitalarias de mayor duración y una factura significativamente más alta para la sociedad. El peor supuesto, que, por desgracia, no es improbable, es que los agentes patógenos peligrosos adquieran con el tiempo resistencia a todos los antibióticos hasta ahora eficaces, lo que daría lugar a epidemias incontroladas de enfermedades bacterianas imposibles de tratar. Resulta indispensable desarrollar nuevos medicamentos para asegurar la disponibilidad de tratamientos eficaces contra infecciones bacterias agresivas. Del mismo modo, también es esencial que estos nuevos medicamentos en concreto, al igual que los anteriores, se usen de una manera mas restringida y siempre apoyada en sólidos conocimientos médicos. Además, muchos antibióticos son compuestos químicos estables que no se descomponen en el cuerpo y que permanecen activos después de su excreción. En la actualidad, los antibióticos contribuyen considerablemente al creciente problema de las substancias médicas activas presentes en el medio ambiente. La importancia de los antibióticos "Sólo el 40% de los europeos saben que los antibióticos son ineficaces contra los virus" (Eurobarometer 2001)
La neumonía sigue siendo la enfermedad infecciosa con la mayor tasa de mortalidad en el mundo: unos 3,5 millones de muertos al año. En las muestras de laboratorio, hasta un 70% de los patógenos causantes de las infecciones pulmonares, incluida la neumonía, resultaron ser resistentes a uno de los antibióticos de primera línea.
Se calcula que alrededor del 60% de los antibióticos para medicina humana se recetan para tratar infecciones de las vías respiratorias superiores, a pesar de que la gran mayoría están causadas por virus – contra los que los antibióticos son ineficaces.
Durante la década de los 90, la tuberculosis reapareció como una de las principales causas de mortalidad en todo el mundo y en la actualidad se cobra la vida de unos 1,5 millones de personas cada año. La situación es especialmente difícil en los países pobres donde la expansión de la enfermedad está estrechamente relacionada con la epidemia de SIDA. Además, la escasa adhesión del paciente al tratamiento ya está dando lugar a la rápida aparición de cepas con resistencia cruzada.
En los países desarrollados, hasta el 60% de las infecciones hospitalarias se deben a microbios resistentes a medicamentos. Los casos más recientes son el enterococo resistente a la vancomicina (VRE) y el Staphylococcus aureus resistente a la meticilina (MRSA). Estas infecciones "hospitalarias" ya han empezado a extenderse al resto de la comunidad en general.
Casi la mitad de todos los antibióticos consumidos se emplean para tratar a animales enfermos, a modo de promotores del crecimiento o para destruir diversos patógenos en los alimentos. Estas dosis continuadas – con frecuencia a un bajo nivel – favorecen el desarrollo de la resistencia de las bacterias en el ganado mismo o cerca de éste y pueden producir nuevas cepas resistentes capaces de "saltar" de los animales a los seres humanos. El VRE es un ejemplo de una bacteria resistente que ha aparecido en los animales y que posiblemente ya haya saltado a los humanos.
http://ec.europa.eu/research/leaflets/antibiotics/index_es.html
|