 Millones de personas viven o trabajan con otras que son exasperantemente tranquilas. La sangre fría tiene su lugar, particularmente durante una crisis; pero también lo tiene Sigmund Freud, quien describió las potenciales desventajas de las pasiones reprimidas. "Un motivo por el que estamos tan sensibilizados a las emociones de otros es que, cuando es una emoción auténtica, nos dice algo importante sobre lo que le importa a esa persona", señala James J. Gross, psicólogo en la Universidad de Stanford. Cuando la emoción se reprime o contiene, añadió, "la gente piensa, no eres como nosotros, no te importan las mismas cosas que a nosotros". El estudio rigoroso de lo que los psicólogos llaman regulación emocional es bastante nuevo y se ha centrado mucho más en las pasiones desenfrenadas que en las de la variedad domesticada. No obstante, el funcionamiento social es diferente. Varias investigaciones han descubierto que la gente desarrolla una variedad de herramientas psicológicas para manejar lo que expresan en situaciones sociales y esas técnicas con frecuencia se vuelven subconscientes y afectan las interacciones de maneras imprevistas. "A medida que maduramos, las áreas de la corteza prefrontal se desarrollan y también nos volvemos más capaces de controlar nuestros impulsos", indica Stefan G. Hofmann, profesor de psicología en la Universidad de Boston. Los psicólogos dividen las estrategias de regulación en dos categorías: preventivas, que ocurren antes de sentir una emoción por completo; y receptivas, que surgen después. La más conocida de la segunda categoría, y una de las primeras que se aprende, es la represión simple. La represión tiene costos sociales que le resultan conocidos a quienes la han experimentado. En un estudio del 2003, realizado en Stanford, los investigadores descubrieron que las personas a las que se les ordenaba mostrar un rostro impasible mientras hablaban de un documental sobre los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki eran interlocutores particularmente estresantes. En un estudio publicado el año pasado, varios psicólogos siguieron a 278 jóvenes que ingresaron a la universidad. Quienes tuvieron calificaciones más altas en medidas de represión emocional tuvieron más dificultad para hacer amigos. Las técnicas preventivas pueden ser más sutiles. Una es la simple distracción, al concentrarse por reflejo en lo bueno e ignorar lo malo. Un estudio del 2009, encabezado por Derek Isaacowitz, de la Universidad de Brandeis, en Boston, Massachusetts, encontró que las personas mayores de 55 años eran mucho más propensas a concentrarse en imágenes positivas cuando estaban de mal humor, que las menores de 25. Por último, una serie de experimentos recientes encabezados por Maya Tamir, psicóloga en la Universidad Hebrea, en Jerusalén, y en el Boston College, ha encontrado que la gente se prepara subconscientemente para sentir emociones que cree le serán útiles en una situación anticipada. "Cada una es una estrategia valiosa en situaciones diferentes", dijo Hofmann. "La gente que se mete en problemas socialmente es la misma que es inflexible y sólo se apega a una de ellas". regresar a titulares
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