
Casi virgen, apenas tocado por la mano del hombre contemporáneo, este sitio arqueológico que hace unas semanas comenzó a ser explorado y cuya antigüedad supera los 2 mil años, puede demostrar que la desaparición repentina de los mayas es un mito, pues ya se han encontrado vestigios de una ocupación tardía, destacan el arqueólogo Enrique Nalda, a cargo del proyecto de investigación, y Adriana Velázquez Morlet, directora del Centro INAH estatal.
Ubicada en medio de la espesa selva del sur de Quintana Roo, casi inaccesible por tierra, Ichkabal está localizada en el ejido de Bacalar, a unos 90 kilómetros de Chetumal, la capital del Estado.
Se trata de un enclave que destaca por sus construcciones monumentales, superiores a los 40 metros.
La estructura de mayor dimensión tiene 46 metros de altura y una base de 200 metros.
"Es una de las más grandes de los sitios mayas", detalla la arqueóloga.
Cuatro de los edificios se explorarán y consolidarán en los próximos dos años, si bien el estudio del asentamiento que tiene 3 kilómetros de radio y sobresale como el de mayor tamaño en los alrededores, precisa por lo menos dos décadas de análisis, estima el especialista.
Unas 80 personas iniciaron desde hace más de 45 días la exploración del área reportada en 1995 y que por fin fue excavada 14 años después de su localización.
"La región fue ocupada durante toda la época prehispánica", revela Nalda al mostrar por primera vez públicamente los trabajos realizados en la zona arqueológica.
Se han detectado en Ichkabal vestigios del Preclásico, del Clásico y del Posclásico, incluso del posclásico tardío, es decir desde el año 300 o 400 antes de Cristo, hasta el 1500 de nuestra era.
"Es, entonces, una de las zonas con ocupación más prolongada en la zona maya", destaca en entrevista Velázquez Morlet.
Nalda recordó que en Dzibanché, situada a 10 kilómetros del Ichkabal y donde el experto ha trabajado durante 22 años, también se encontraron elementos del periodo Posclásico tardío, del año 1200 al 1500.
Ahora en Ichkabal -que en español significa "Entre bajos"- el arqueólogo intentará discernir qué tan intensa fue la ocupación.
"Queremos saberlo y acabar de una vez con el mito famoso del colapso maya, ese colapso que supuestamente significa el abandono de los grandes centros ceremoniales, hacia finales del clásico, o sea hacia el año 900", aclara.
La importancia de esta zona radica además en que aquí podrían encontrarse los orígenes de la poderosa dinastía Kaan, establecida en Dzibanché casi 200 años, del 450 al 620. Su predominio fue tal, que uno de sus miembros, Testigo del Cielo, conquistó Tikal, la gran ciudad ubicada en la región de Petén, en Guatemala.
"Algunos arqueólogos sostienen que la cuna de esa dinastía está en la Cuenca del Mirador, en Guatemala, cerca de la frontera con México. Nosotros creemos que no hay que irse tan lejos para encontrar ese origen. Para eso necesitábamos buscar el sitio mas grande de la región que tuviera una componente muy importante del preclásico superior y del clásico temprano. Este es el lugar", afirma.
Ichkabal resulta de incalculable valor arqueológico porque permitirá además despejar dudas sobre la agricultura maya, plantea Nalda, concretamente saber si hubo una agricultura basada en "campos levantados" -semejantes a las chinampas- o sólo se practicó la "tumba y quema", procedimiento generalizado en la región que implica derribar árboles y quemar la vegetación muerta para limpiar el terreno y abonarlo con las cenizas.
Todavía es pronto para obtener conclusiones, aunque en 24 meses es probable que se tenga la información necesaria.
"Calculamos que en dos años el sitio podría ser abierto al público y que para entonces las investigaciones de las que he hablado estén muy avanzadas para poder decir, a ciencia cierta, cuáles y cuántos de los mitos en torno de la cultura maya tienen fundamento, y también desentrañar algunos de los misterios de esta gran cultura", evalúa el experto.
El gobierno de Quintana Roo y el municipio de Othón P. Blanco, que construyen un acceso al sitio, pretenden incluirlo en una ruta turística que partiría de Bacalar y seguiría por Ichkabal, Dzibanché y Kohunlich.
Martín Morita y Yanireth Israde, Reforma, cultura, 4 de junio 2009