
Créelo: la Organización Mundial de la Salud asegura que la principal causa de muerte en jóvenes no es el sida ni el cáncer, sino los accidentes de tránsito, pues anualmente ocasionan 400,000 decesos en menores de 25 años. ¡Toma tus precauciones!
Me parece que no es difícil coincidir en que aprender a manejar puede ser una experiencia inolvidable, no sólo porque a partir de ese momento tu mamá te puede traer de chofer cada vez que hace el súper o porque tu papá ya tiene motivos suficientes para ponerte a encerar el automóvil y asear los tapetes, sino porque varias cosas empiezan a cambiar.
Puedes ir a la escuela y darle un aventón a tus compañeros, llevar a tu novia o novio al cine o a su casa, ir a fiestas y conciertos sin preocuparte porque te vayan a asaltar o se te pase el último microbús a tu casa (aunque pierdes una excusa para llegar tarde) y, sobre todo, tienes la oportunidad de participar de la vida nocturna de tu ciudad.
Pero esto también tiene su lado serio: el de la responsabilidad. Y no lo digo por sermonearte, sino porque mi novia y yo tuvimos un susto hace poco, cuando salimos de un bar en que tocó Torreblanca. Total, estábamos detenidos en una esquina, antes de entrar a Reforma, y cotorreábamos alegremente cuando un borrachín nos pegó por atrás. Y vaya susto.
Claro, mi padre se disgustó al ver el automóvil (le hizo menos gracia que cuando mi hámster masticaba sus violetas) y yo no dejaba de sentirme mal al ver a mi chica adolorida. Ni qué decir del coraje que me daba en días siguientes cuando me quitaba el collarín y, sin fuerza para levantar la cabeza, quedaba como aquella lejana canción de Kinky: mirando de lado.
A pesar del enojo y de que tuve que privarme de mi “nave” durante un par de semanas, me impresionaba al recordar al chico que impactó contra nosotros. Le fue bastante mal porque, aunque no llevaba una velocidad muy alta, se golpeó en la cara y en el pecho, por lo que sufrió varias cortaduras y no podía respirar bien. De hecho, eso me motivó a investigar más sobre el tema.
Cifras duras
La Organización Mundial de la Salud dio a conocer en 2007 que los accidentes de tránsito cobran la vida de 1.2 millones de personas cada año, de las cuales la tercera parte son menores de 25 años. Así, 1,000 jóvenes fallecen a diario en percances automovilísticos, localizándose la gran mayoría de ellos en África, América Latina y Asia.
Hablando de nuestro país, “las estadísticas con que contamos desde la última década son muy confiables, y nos indican que la mortalidad es amplia: cada 15 minutos muere una persona en un accidente, siendo la principal causa los percances automovilísticos”. Eso fue lo que me comentó el Dr. Felipe Cruz Vega, quien es jefe de la División de Apoyo en Contingencias y Desastres de la Dirección de Prestaciones Médicas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), localizada en la capital de la República.
El especialista me explicó que estos eventos tienen un costo indudable para la persona que los sufre y su familia, y esto se refleja inevitablemente en el aspecto económico, ya que deben cubrirse los costos por el daño al vehículo y a la vía pública, hospitalización, incapacidad e, incluso, una posible invalidez, lo cual representa un gasto de entre 1 y 2% del producto interno bruto, según estimaciones.
Al profundizar en estos datos, encontramos que 80% de los percances graves se deben a exceso de velocidad e impericia del conductor, mientras que el resto se distribuye en otras causas, como desperfectos mecánicos y problemas del pavimento. “Lo preocupante es que la mayor parte de lo accidentes mortales en las ciudades ocurren entre jóvenes de 15 a 22 años. ¿Cuándo?, de once de la noche a cinco de la mañana, de viernes a sábado y de sábado a domingo. Están aumentando en el mismo horario, sólo que de jueves a viernes, al parecer por nuevos horarios en centros nocturnos”, dijo el Dr. Cruz.
Encantos del antro
Le comenté al doc mi reciente experiencia y me contestó que desafortunadamente es algo bastante común. “Es bueno que los jóvenes se vayan a un antro, que bailen y se diviertan, pero si van a beber alcohol sería importante que nombraran a alguien como conductor designado (o resignado, como le dicen de broma), que tenga las llaves del vehículo desde que entran al bar y asuma con responsabilidad que no va a tomar. De cualquier forma, tiene que ser muy prudente al llevar a sus amigos, porque al salir a la calle, sobre todo a vías rápidas, puede recibir un impacto de alguien que no tuvo el mismo cuidado”.
A todo esto, el doctor me aclaró que las principales razones por las que se presentan choques al salir de un antro son tres: que los centros nocturnos se visitan en viernes y sábado, cuando se ha acumulado la fatiga de toda la semana; que el horario de salida suele ser en la madrugada, es decir, durante el momento en que el cuerpo acostumbra descansar (y más después de “reventarse”) y, sobre todo, porque se consume alcohol.
De inicio, las bebidas alcohólicas “pueden generar relajamiento, buen humor y hacen que uno se ponga muy platicador; sin embargo, después de tres o más copas el efecto se revierte: disminuye nuestra circulación sanguínea, bajan nuestros reflejos, empezamos a caminar mal y le decimos a todo mundo que los queremos mucho. En resumen, al salir del antro muchos jóvenes tienen fatiga, necesidad de descanso y no coordinan sus movimientos, por lo que es obvio que el riesgo de sufrir un accidente es alto”.
Además de la prudencia para manejar que debe tener todo conductor designado, el Dr. Cruz me aseguró que otra medida de prevención importante es el uso del cinturón de seguridad, mismo que puede reducir un accidente mortal hasta en 70%.
Sin él “es muy probable que el conductor se impacte contra el parabrisas y sufra una lesión en la cara que le impida respirar; asimismo, son comunes las lesiones de columna cervical (cuello) o en el tórax, ya que se presenta un golpe con el volante, así como lesiones en piernas y rodillas, que chocan con el tablero. Los accidentes ocurren en promedio a 60 kilómetros por hora, pero sólo se necesita una velocidad de 40 para observar consecuencias graves”.
También me explicó que cuando los acompañantes no usan su cinturón de seguridad, pueden sufrir daños incluso más severos. Como no hay volante que los detenga, salen proyectados con más velocidad, se impactan con mayor fuerza contra el parabrisas y pueden salir del vehículo, en cuyo caso tienen 300% más probabilidad de morir que el mismo conductor.
Por otra parte, me aseguró que en el Distrito Federal se han tomado medidas adecuadas para reducir los índices de accidentes, como el uso de medidores de velocidad y alcohol, pero debe mejorar su aplicación (aparte de que no se vala andar de soplón en Twitter sobre la posición de los alcoholímetros). Por ejemplo, “en El Salvador se incorporó el alcoholímetro y el primer año lograron disminuir los percances automovilísticos en 46%; sin embargo, no podían mejorar esa cifra, porque como siempre estaban en los mismos sitios, los conductores aprendieron a evitarlos. Lo que hicieron las autoridades fue ponerse a la salida de los bares, donde no los pudieran evadir, y ahora la reducción de eventos fatales es de 57%”.
Espíritu juvenil
Se me ocurrió preguntarle al médico si el carácter de jóvenes y adolescentes es un problema para tomar el volante, como algunas personas aseguran, y me explicó que esto es una verdad a medias.
De inicio, me indicó que así como no es recomendable conducir un vehículo luego de tomar alcohol, “tampoco lo es cuando se está irritado. Algunos jóvenes lo hacen y se exponen a sufrir un percance. Mi consejo es que si te hicieron enojar no tomes el automóvil; es mejor que te relajes, que dejes pasar un tiempo prudente. Es peligroso desahogarse con el acelerador o tratar de compensar una frustración rebasando a los demás”. Y yo añadiría que, además, no se cambia nada...
Pero más allá de esta cuestión emocional, el Dr. Cruz Vega opina que la forma de manejar no tiene que ver precisamente con la edad, sino con el ejemplo recibido. “Si el hijo observa que su padre o madre son respetuosos cuando toman el volante, no son agresivos con los peatones, respetan las señales, no se pasan los semáforos ni expresan groserías con el claxon, el joven lo aprende. Así de fácil”.
De nuevo me ofreció un buen ejemplo sobre qué hacer: “Muchos de mis amigos, cuando deciden darle el automóvil a su hijo, esperan a que lleguen sus vacaciones escolares y lo traen ‘de chofer’ toda una semana, así tienen oportunidad de corregirlo en su forma de manejar, de usar las direccionales e intermitentes o de conservar su carril. He visto que esa medida les ha dado buenos resultados y crea buenos conductores”.
Quise saber su opinión sobre las carreras de arrancones y me dijo que “en un principio, hace ya varios años, eran una diversión de jóvenes, influida por la cultura estadounidense y que eran bastante inocente, pues sólo se trataba de ver qué vehículo desarrollaba mejor. Con el tiempo se fue pervirtiendo con apuestas y se ha convertido en una forma de desafiar a las autoridades, de mostrar que uno es más listo que ellos”.
Conciente de la dificultad para regular esta práctica y prevenir accidentes, me comentó que tal vez sería ideal adoptar medidas similares a las de otros países: invitar a los jóvenes a que dejen las calles y realicen sus prácticas en autódromos, donde contarían con medidas de seguridad y hasta podrían tener una fuente de ingreso, debido a la asistencia de gente que gusta del espectáculo.
Ya “picado” y en confianza, le pregunté sobre los juguetitos electrónicos que nos acompañan a todos lados. “En congresos mundiales se han dado a conocer cifras sobre los accidentes de tránsito a causa del teléfono celular, y van en aumento. De acuerdo con un estudio muy bueno realizado en Inglaterra, no importa si el teléfono se trae en la mano o se usa con un manos libres, porque de cualquier forma lo que ocurre en nuestro cerebro es una ‘disección’ de nuestra capacidad de concentración, y más si vamos peleando con la novia o el novio, porque nos enfocamos más a la discusión. Lo mejor que podemos hacer cuando nos llaman y estamos conduciendo, es orillarnos y detenernos”.
Otro tanto habría que decir de los reproductores de audio y mp3. “Han aumentado la mortalidad porque los conductores se distraen y además no alcanzan a escuchar bien el claxon o las ambulancias. Si la música es estruendosa, produce estrés e impide la concentración, y si es muy suave, nos relaja. Entonces, los dispositivos de música no son recomendables, están ‘prohibidos’, y ni qué decir de las pantallas para ver películas o televisión, que ya se están propagando”.
Cultura preventiva
Me sentí un poco mal por no poder admitir que muchas veces he conducido con los audífonos puestos y que en efecto, me he pasado algún semáforo en rojo por hablar con el manos libres... pero me aguanté la pena y le pregunté al Dr. Felipe Cruz las medidas que nos permiten manejar con seguridad, a lo que me contestó:
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Nunca manejes con sueño, cansado o en estado de ebriedad.
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Si conduces o acompañas a alguien, utiliza siempre tu cinturón de seguridad. Dile a quienes viajan contigo que también lo hagan.
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Revisa el automóvil periódicamente, a fin de evitar fallas mecánicas. Según estadísticas, los problemas más comunes que ocasionan accidentes se presentan en frenos, neumáticos y luces.
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Conoce el reglamento de tránsito de tu ciudad y no te dejes llevar por lo que hacen otros conductores.
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Evita conducir en caso de que te sientas muy enojado.
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Toma clases de manejo para resolver tus dudas.
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Ignora las presiones de tus amigos para pedir prestado el automóvil, más aún si te sientes inseguro.
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No conduzcas si eres menor de 16 años. Además de que es un delito, las cifras están en tu contra y es muy probable que sufras un accidente.
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Por último, el doctor me aseguró la mayoría de los accidentes de tránsito ocurren porque se conjugan varios actos irresponsables: de los padres, que le prestan el vehículo a su hijo incluso cuando no tiene edad reglamentaria; de las autoridades, que ahora otorgan la credencial para conducir sin realizar pruebas de manejo, y del joven conductor, que ignora cualquier precaución cuando se pone al volante.
“Hay una última estadística muy importante, la que nos señala que 9 de cada 10 accidentes son prevenibles. Por ello, cuando aplicamos las recomendaciones básicas para manejar con seguridad, los riesgos de sufrir un percance disminuyen dramáticamente y la experiencia de conducir un vehículo resulta muy agradable”, expresó como conclusión el especialista del IMSS.
http://www.saludymedicinas.com.mx/nota.asp?id=2336&IDC=7&bann=jovenes&publi=1
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