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Cuidar los manglares
*Ana Laura Lara Domínguez

El 23 de diciembre de 2004 en el océano Índico se registró un tsunami sin precedente. En las áreas costeras donde se tuvo la máxima intensidad, poco se pudo prevenir su impacto catastrófico y destructivo, pero el daño fue notablemente menor en las áreas con manglares en comparación con las que no los tenían, porque fueron desmontados para diferentes construcciones ocupando su lugar. Esto representa un servicio ambiental que proporcionan los manglares de protección a la línea de costa contra huracanes o tsunamis.

Los manglares, como tipo de vegetación y ecosistema, se definen por la presencia de especies de árboles que crecen en las zonas intertropicales, en ambientes entre el mar y la tierra emergida, bordeando esteros y lagunas costeras, en las laderas de la desembocadura de ríos y arroyos al mar. Los mangles crecen bajo diferentes salinidades, desde ambientes de agua dulce hasta con salinidades dos veces la del agua de mar (hay 35 gramos de sal en un litro de agua de mar), pero su máximo desarrollo es en ambientes salobres, con salinidades de alrededor de 20 gramos por litro.

Los mangles poseen adaptaciones morfológicas y fisiológicas que les permite ocupar hábitats con condiciones muy diferentes, desde suelos de texturas muy finas (suelos limosos) hasta suelos arenosos e incluso rocosos. Pueden crecer en suelos con baja concentración de oxígeno y periodos regulares de inundación. Entre sus estructuras anatómicas más admirables está el sistema de raíces verticales conocidos como pneumatóforos, que son como snórkeles y les sirven para capturar oxígeno atmosférico hacia las raíces más finas, que lo requieren para tomar los nutrientes. Son plantas vivíparas, porque las semillas germinan en la planta madre y son liberadas al ambiente como plántulas con una cantidad considerable de reservas.

En el mundo hay alrededor de 50 especies de árboles y en México, sólo seis: mangle rojo (Rhizophora mangle), mangle blanco (Laguncularia racemosa), mangle negro (Avicennia germinans) y mangle botoncillo (Conocarpus erectus). Además, están Rhizophora harrisoni y Avicennia bicolor, que están restringidas a unos pocos parches en Chiapas.

A esta estructura se asocian numerosas especies de organismos vegetales y animales que lo igualan a un ecosistema altamente diverso. Las cuatro primeras especies están sujetas a Protección Especial de acuerdo con la NOM-059-Semarnat-2001, pues están amenazadas por diferentes agentes que inciden negativamente en su habilidad, lo que determinaría la necesidad de propiciar su recuperación y conservación.

Los manglares como ecosistema constituyen una frágil membrana de intercambio entre los sistemas terrestres y marinos que proporciona una gran cantidad de bienes y servicios ambientales. Además de proteger la línea de costa, son un área de protección, alimentación y crecimiento de larvas y crías de numerosas especies de peces, mariscos y organismos, tanto marinos como estuarinos, que tienen importancia ecológica y/o comercial. Por ejemplo, al norte de Brasil, la desembocadura de un río bordeada por manglares constituye un área de alimentación para el robalo (Centropomus parallelus) durante su etapa de juvenil, entre 40 y 170 mm de longitud, consumiendo diferentes especies de crustáceos que, a su vez, se alimentan de la materia orgánica en descomposición que proviene de la hojarasca del mangle, esto es, las hojas y otros componentes que tiran los árboles al agua durante su vida.

Se han correlacionado las grandes capturas pesqueras con las extensas áreas de manglar como las que se registran en el mar frente a la laguna de Alvarado, en Veracruz. Recientemente, Octavio Aburto-Oropeza y colaboradores (2008) demostraron que los desembarcos pesqueros de jaibas y peces en el golfo de California se incrementan significativamente en el área de la costa ocupada por manglares.

Otro servicio ambiental muy importante es que los manglares amortiguan el impacto ambiental de lo que se vierte al mar; por ejemplo, la enorme carga de fertilizantes y pesticidas que trasmina de los campos agrícolas. La franja de manglares constituye un filtro biológico que procesa y retiene estos contaminantes. Además, durante su vida capturan en sus hojas los gases de efecto invernadero, como el bióxido de carbono.

En el mundo, los manglares son usados localmente para la construcción de viviendas rurales y cimbras; son combustible como leña o carbón; y en la costa, son ampliamente aprovechados en la fabricación de artes de pesca (como los tapos), así como para embarcaciones pequeñas. Constituyen áreas de recreación para el avistamiento de aves y vida silvestre en general.

Manglares en México


La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) reportó el año pasado que la extensión nacional de manglares es de 770 mil 57 hectáreas distribuidas en 17 estados de la república con litoral. La Península de Yucatán contiene 55 por ciento de la extensión de manglares en México, le siguen la región del Pacífico Norte, con 24.5 por ciento; la región del Golfo de México (donde está Veracruz), con 11 por ciento; la región del Pacífico Sur, con 8.6 por ciento, y finalmente el Pacífico Centro, con 0.9 por ciento. Del total de la superficie de manglar, 45.2 por ciento está en áreas naturales protegidas.

Principales amenazas


Las actividades humanas son la principal amenaza para los manglares. México tiene una de las tasas más altas de deforestación o perturbación por manejo inadecuado de los ecosistemas de manglar, principalmente para desarrollo urbano, rural, turístico, industrial o ganadero. Además de la deforestación por perturbaciones indirectas como la construcción de carreteras sin drenes; el desarrollo mal planeado de la acuacultura en la llanura costera, como los cultivos de camarón, entre otros. También pueden afectar a los manglares los eventos naturales, como los huracanes y los nortes con viento de alta velocidad. Hay legislación muy importante que protege a los manglares y esto ha ayudado a disminuir su pérdida, pero no la ha acabado del todo.

¿Qué podemos hacer para protegerlos? Es importante tomar conciencia de que los manglares constituyen un ecosistema irremplazable que alberga una increíble biodiversidad, que se cuenta entre los más productivos del mundo y que proporciona una gran variedad de bienes y servicios naturales que deben ser conservados en el presente y el futuro, incorporando de manera sustentable esa naturaleza al paisaje de las ciudades, desarrollos turísticos, entre otros, con el fin de que sigan protegiéndonos y brindándonos los bienes que han producido hace muchos millones de años.

* Investigadora del Instituto de Ecología, AC. Red de Ecología Funcional.

 

http://www.campusmilenio.com.mx/382/cienciaysociedad/cienciaysoc1.html

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