
Phoebe Prince era una estudiante de Irlanda que emigró a Estados Unidos con su familia buscando una vida mejor. Pronto, Phoebe se asentó en la ciudad de South Hadley, Massachusetts, un pueblo con una gran comunidad irlandesa que la hizo sentir bienvenida. Al poco tiempo, incluso, uno de los chicos más populares de su escuela, Sean Mulveyhill, estrella del equipo de futbol americano, la notó y comenzaron una relación. Pero ello duraría poco y su tranquilidad se vio invadida cuando un grupo de estudiantes se dedicó a atacarla constantemente. La vida de Phoebe Prince se volvió insoportable. La estudiante de 15 años era provocada diariamente, se le llamaba “zorra irlandesa”, un grupo de chicas cercanas a Mulveyhill le arrojaban objetos e incluso, en ocasiones, le era imposible tomar clases ante el constante acoso del que era objeto, situación de la cual los maestros estaban al tanto. Según The New York Times, “la gente le llamaba drogadicta o prostituta, e inmediatamente tuvo una terrible reputación”, testificó Betty Czitcom, estudiante y compañera de Prince. Sin embargo, poco o nada hicieron las autoridades escolares, advertidas en reiteradas ocasiones por los padres de Prince, para enmendar el problema. Hasta que fue demasiado tarde. La tarde del 14 de enero de 2010, Prince caminó sola a su casa, a tres calles de su escuela. En el transcurso, un grupo de chicas le arrojó una lata de Red Bull desde su coche; anteriormente, en el día una maestra le vio llorando en el pasillo y la dejó ahí, inconsolable. Alrededor de las 4:30 de la tarde, su hermana menor la halló colgada del barandal de las escaleras con una bufanda que le habían regalado en Navidad. La historia conmocionó a la nación. Días después el pequeño condado, conocido popularmente por ser un sitio donde el acoso escolar es cosa de todos los días, se vio invadido por un circo mediático. Rebecca Brouillard, una estudiante que habló en televisión sobre la situación que vivió Prince antes de morir, fue golpeada en la escuela por una de las chicas señaladas de ser culpables del tormento que llevó la víctima hasta su muerte. Una sentencia controversial El pasado lunes 3 de marzo, un juez anunció que nueve estudiantes señalados como los culpables de acosar a Phoebe Prince, serían juzgados en materia criminal. El hecho levantó controversia, pues aunque todos buscan justicia y soluciones al caso de Prince, los medios y la opinión pública general sugieren que los menores, incluido el ex novio Sean Mulveyhill, no son los únicos culpables, sino también las autoridades escolares (desde el director hasta el superintendente del distrito).
Lo cierto es que el caso es tan extraordinario que nos hace reflexionar sobre nuestra propia sociedad. Y es que según el Informe Nacional sobre Violencia de Género en la Educación Básica en México, 90 por ciento de los estudiantes de sexto grado de primaria y secundaria “han sufrido alguna vez humillaciones o insultos, principalmente de sus propios compañeros varones” (El Universal, 08/04/10). Además, si consideramos que la segunda causa de muerte en México entre los jóvenes de 15 a 29 años, después de los accidentes automovilísticos, es el suicidio, podemos hilar los puntos y ver un panorama desolador. Quizá el acoso escolar en México no tenga espacio en los medios, pero no es necesario saber de un caso particular como el de Phoebe Prince para tomar medidas al respecto, ¿o sí? http://www.campusmilenio.com.mx/364/opinion/opinion_salvadormedina.html
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