
La información en que se basó la conferencia es abundante, difícil, por tanto, para resumirla en este espacio. Por tal motivo, aquí se abordan tres aspectos que están íntimamente imbricados en dicha temática. El primero, relativo al número de profesionistas. Actualmente existen, en números redondos, 8 millones de personas que, según esa mexicanísima expresión, han concluido, por lo menos, estudios de educación superior o de licenciatura. De ellos, 900 mil radican en Estados Unidos. Del gran total, 6.3 millones tienen entre 25 y 64 años, franja dentro de la cual, teóricamente, todos deberían estar en actividad laboral. ¿Muchos o pocos para un país como México? El doctor Tuirán no lo esclarece —no era ese su propósito—, pero el simple dato es un insumo importante para otro tipo de estudios, aquellos que se relacionan con la economía de la educación. El segundo aspecto se refiere al empleo. Aunque uno de los efectos de la crisis ha sido generar ciertas excepciones en este terreno, el principio fundamental sería que la mayor escolaridad produce mejores ingresos personales y más altos niveles de ocupación. En la actualidad, de los residentes en México, 5.6 millones están ocupados, lo que representa a 85 por ciento de ese grupo; situación contrastante con los que no han concluido licenciatura y los que tienen bachillerato completo o incompleto cuyos índices son 57, 69 y 50 por ciento, respectivamente. La crisis ha dejado a 391 mil profesionistas en situación de desempleo, un incremento respecto de los 267 mil de dos años atrás (tercer trimestre de 2007), lo que representa 46 por ciento de diferencia. Además, el subempleo, que afecta a 22 por ciento en este momento, significa un cambio respecto del 20 por ciento de 2007. Por lo que se refiere a los ingresos económicos, tercer aspecto de la temática, habría que decir que aquí opera también el propio principio antes enunciado. De acuerdo con ello, hay una relación positiva entre ingreso y escolaridad. En este momento, los promedios de percepción económica para profesionistas son de 7 mil 603 pesos al mes, frente a los 5 mil 89 de los que no han concluido estudios profesionales o los 4 mil 312 de los que tienen bachillerato completo. Como en otras categorías laborales, el trabajo de muchos profesionistas es precario y mal remunerado, lo que en las comparaciones internacionales se conoce como “empleos de mala calidad”. El dato más significativo aportado por el subsecretario sería el relativo a que 26 por ciento percibe hasta 3.5 salarios mínimos, situación distinta a la de 2007, cuya proporción era de 24 por ciento. Una consecuencia de todos estos fenómenos es que la circunstancia de ser profesionista se relaciona de manera creciente con la distribución del ingreso. De ese modo, el grupo de la población con mayores percepciones (decil X) se integra en 28 por ciento con profesionistas. El que le sigue (decil IX) se sitúa en 21 por ciento. En contraste, el nivel más bajo (decil I) sólo tiene a 1.1 por ciento de profesionistas. A manera de conclusión, la conferencia del doctor Tuirán consigna lo que él llama tres “acciones obligadas” que deberían emprenderse en el tema tratado: a) reducir los desequilibrios en la oferta de profesionistas; b) elevar la pertinencia de dicha oferta, acercando las universidades a los sectores productivos; c) generar más incentivos para fortalecer el sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación. Estimo que la riqueza de la información analizada no corresponde con la parquedad de las conclusiones. Buena parte de los análisis efectuados por el conferencista (que actúa más como profesional destacado de la demografía que como funcionario de la SEP ) sería materia prima para enriquecer, y corregir inclusive, muchas políticas públicas en la materia. Entre las cualidades presentes en la conferencia habría que anotar el uso de información confiable y oportuna: cifras del INEGI, fundamentalmente, correspondientes al cierre del tercer trimestre de 2009. * Ex secretario general ejecutivo de la ANUIES y consultor independiente.
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