
La ilusión que se tiene de ser único y extraordinario en la relación de pareja puede esfumarse cuando entra en escena "un tercero", situación que ocasiona angustia y miedo de perder a la persona amada. Si bien los celos son normales y naturales en la conducta humana, existe un lado oscuro en este sentimiento: cuando se vuelven enfermizos, pues pueden traer trágicas consecuencias tanto en quien los padece, como en el objeto de la obsesión. Además, este tipo de sentimiento impide que un individuo reconozca, acepte, y crea en los valores del ser amado; en su lugar, se manifiesta amargura y cinismo. Dichas actitudes negativas ocasionan en la pareja asombro, coraje y sentido de injusticia, emociones que provocan que los lazos amorosos se destruyan. Una persona en dichas condiciones cree que es dueño de los sentimientos de su contraparte, pierde la autoestima, sufre ataques de ira y siente pánico de ser abandonado. Su perfil psicológico incluye inseguridad, necesidad de cariño, demanda continua de aprobación y deseo de ser amado incondicionalmente, pero es incapaz de sacrificarse. Por otra parte, cualquier modificación en el contexto de pareja, como cambio de look, manifestación de cansancio o cancelar una cita puede llegar a ser motivo para una reacción de celos, ya que en la mente se crea un rival imaginario. En consecuencia, dicha persona acusa y espía, llegando al extremo de registrar la ropa y artículos personales de su compañero o compañera en busca de evidencias que comprueben infidelidad, o bien, malinterpretan todo tipo de acciones para justificar su sospecha. A mediano plazo, los interrogatorios se vuelven rutina y la comunicación se ve reducida exclusivamente a las preocupaciones y pensamientos del celoso, lo que deriva en el deterioro de la relación. Por ejemplo, un día uno de los miembros de la pareja puede llegar diez minutos tarde y el otro pregunta con enfado ¿dónde has estado?, ¿con quién?, ¿qué has hecho? Aunque el acusado diga que pasó la tarde en casa de su hermano, el celoso no le cree y se cuestiona a sí mismo ¿con quién estaría realmente?, ¿es posible que ya no me quiera? Y cuando al fin cree su versión, pues llamó a su cuñado para constatar la certeza del argumento, sentirá tristeza y enojo porque pensará que su contraparte prefiere a su familia. ¿De dónde vienen? Casi todo el mundo justifica los celos diciendo que se nace con ellos, pero debe saberse que el cerebro, órgano dónde se registran los sentimientos, no está totalmente desarrollado en la vida fetal. Es importante considerar que cuando un niño cumple dos años se da cuenta de que existen otras personas y que su madre, a quien adora, no siempre está disponible cada vez que requiere algo, pues regularmente tiene que atender a su marido y/o a sus otros hijos. En ese momento el pequeño puede pensar que su progenitora ya no lo quiere, porque no acude de inmediato cuando la necesita; tiene miedo a perder su cariño y es entonces cuando comienza a sentir celos, razón por la que llega a enfadarse, patalear y llorar para llamar la atención. La madre debe explicar entonces que no le es posible estar con él todo el tiempo pues tiene que cumplir con otras actividades, pero que todos lo aman; así, crecerá sin miedo a perder a sus seres queridos. De lo contrario, agudizará sus celos hacia los demás miembros de la familia y se convertirá en un adulto caprichoso y obsesivo. Recomendaciones Cuando los celos nos asfixian es conveniente procurar mantener la calma y seguir las siguientes recomendaciones: -Identifique si realmente hay razones para sentirlos, si es así, comuníqueselo a su pareja. -Haga un listado de sus sospechas, describa los fundamentos que tiene para considerarlas válidas y recapacite sobre las "pruebas" que piensa tener en su poder. -Evite tomar decisiones precipitadas y emitir insultos que pueden dañar para siempre la relación. Es mejor proponer el diálogo. -Nunca "acorrale" a la persona amada al intentar buscar evidencias. En caso de que las medidas anteriores no den resultado será necesario recurrir a un psiquiatra o psicólogo, especialistas que proporcionan terapias que inciden en nuestros pensamientos, sentimientos y conductas, con el fin de ayudarnos a razonar y reflexionar objetivamente sobre la situación conflictiva, y para que nos devuelvan el bienestar y estabilidad emocional.
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